Seguramente la campaña de Clinton del 92 y la famosa frase de su asesor Carville (“es la economía estúpido), queden muy lejanas en esta hora de quiebra, zozobra y desconcierto social, ni siquiera tenemos aliento para pensar con frialdad en nuestros actos, mientras vivimos aparatosamente las convulsiones económicas, generadas por la crisis de la deuda. Si algo permitió a los Estados Unidos crear una economía poderosa fue precisamente la forma en que permitió desarrollar una calidad de vida ciertamente envidiable para el resto del mundo con su sistema de crédito, que luego sería importado por casi todos para dar acceso a los “sueños inalcanzables”, a ciudadanos de modesta condición. En esta breve reflexión pretendo llegar a un punto de consenso entre la realidad actual y la forma de recuperar la ilusión colectiva, factor decisivo para la recuperación de las dinámicas positivas de grupo. Es cierto que millones de personas estamos sufriendo las consecuencias de una crisis gestionada en muchos casos por miserables corruptos y en otros por bien intencionados políticos que apenas alcanzan a comprender cuál es la causa última de una situación que ha golpeado con fuerza nuestra estabilidad social y de cuyas consecuencias estaremos muy lejos de ver el final del túnel. El auge de formas políticas radicalizadas no busca otra cosa que incrementar el caldo de cultivo del malestar, al tiempo que generar estrategias de bloqueo de iniciativas de emergencia, para salvaguardar el maltrecho estado de bienestar.(1) Con sorpresa leemos las declaraciones de brillantes economistas, que modifican su discurso con demasiada rapidez, como no, víctimas del incesante movimiento ondulatorio de la economía global. Sinceramente pienso que hemos perdido algo del sentido de orientación necesario cuando exploramos terrenos novedosos, vinculados a dinámicas sociales en ebullición, expansión y tensión. Lo que debía ser un proceso configurado como una especie de “camino de rosas”, para la llegada de la Sociedad del Conocimiento, se ha convertido por obra y gracia de la burbuja inmobiliaria, la deuda soberana y la sequía del crédito en un “damero maldito” del que no salimos y que cada día volvemos al mismo punto donde nos encontrábamos el día anterior, pero claro, un poco peor. Nuestras fuerzas grupales, nuestra cohesión social se ha visto mermada por la falta de liderazgos de proximidad creíbles y liderazgos remotos controvertidos (Obama- Hu Jintao-Putin..), En esta compleja dinámica socioeconómica, creo que hemos de fijarnos una serie de prioridades vitales, que requieren de un profundo “espacio de reflexión personal y colectiva. 1.- La globalización, como visión de una colmena sin reina. La “Falta Moral” de DSK, tiene algo de extraño, momento crucial en la crisis sistémica, Líder global vital, brillante y capaz de diseñar una estrategia revolucionaria en los ámbitos coherentes de evolución del FMI. “La Falta” nos ha dejado sin un Economista, intelectual y aguerrido profesional que caminaba hacía el diseño de un liderazgo global comprendido y apoyado en los Brics. Las escenas en el juzgado de Manhattan, son elocuentes, y perfectas para la condena social, universal. Un pensador ejecutivo con recetas económicas y filosofías de vanguardia, su glamour y su lujuria lo han condenado. Pero el mundo sigue sin su abeja Reina.
Continuará….. M. GENS 2011

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